Partimos de la convicción que la pandemia ha agraviado la condición de fragilidad de las ciudades contemporáneas en todo el mundo. La ciudad, como centro de gravedad actual a la mayor parte de los territorios, ha sufrido de una manera radical durante la pandemia. Esto no se debe solo a su funcionamiento, que ha resultado distorsionado, o a la vivencia de las personas dentro de los espacios públicos y privados, que han adquirido una significación especial durante los días de confinamiento, sino que la propia ciudad ha resultado cuestionada como modelo de vida. Cuestionada y percibida de manera diferente, en relación a sus valores ambientales, sociales, culturales. La ciudad cuestionada acontece una estructura frágil.

Frágil es todo aquello que puede romperse, desaparecer, degradarse.

Pero aquello que es frágil no es débil, no es banal, no es indiferente: puede ser fundamental, puede ser fuerte si se considera activo, puede desvelar sentido y transformar todo aquello que toca con su presencia. La ciudad contemporánea es una estructura solo aparentemente fuerte que da lugar, en su ámbito, a múltiples formas de vida y realidades entre las cuales se pueden descubrir diferentes situaciones frágiles que también la conforman. En su diversidad y complejidad, la ciudad acontece frágil.

 

Dentro del grupo de investigación que lidera esta propuesta de proyecto, ACC (Arquitectura, Ciudad y Cultura), nos sedujo este término a partir de la publicación de La città fragile, un texto de Beppe Rosso y Filippo Taricco, publicado el 2008, donde los autores, poetas y dramaturgos, se enfrentaban y daban realidad y voz en figuras recurrentes de la marginación urbana [B. Rosso, F. Taricco. La ciudad frágil. Barcelona: Ediciones Bellaterra, 2012]. Nos sorprendió el uso de este calificativo en relación a la tradicional visión de la ciudad como un organismo fuerte. Aplicando la poética que percibimos dentro de este contraste, empezamos a detectar situaciones dignas de ser consideradas frágiles, no siempre vinculadas a la vida marginal de las personas, sino más allá, en relación a una serie de fenómenos que no habíamos considerado hasta entonces. Podemos, en cierto modo, dar la vuelta a los aspectos sólidos de la ciudad y detectar las formas de vida y ocupación que los ponen en entredicho, los transforman.

 

Desde el grupo ACC hemos desarrollado los últimos diez años un trabajo de detección, reconocimiento y diagnosis de la ciudad contemporánea que se ha centrado en el que decimos espacios frágiles. Las primeras conclusiones de este trabajo se han publicado a finales del 2019 [Marta Llorente (coord.) Espacios frágiles en la ciudad contemporánea. Representaciones y formas de ocupación del espacio urbano: figuras de la fragilidad. Madrid: Abada, 2019, con artículos de Carmen Rodríguez, Marta Llorente, Carlos Bitrián, Pedro Azara, Marina Povedano, Ricard Gratacòs, Marta Serra, Mònica Aubán y Mònica Sambade]. Entendemos que la fragilidad condiciona el futuro de los proyectos humanos, pero también que los puede enriquecer. Junto a la ciudad fuerte y consolidada, de sus construcciones y organización, de los signos de su historia, existe un otra ciudad que se desplaza, que se esconde y que se transforma, pero que aporta a cada vez de transformación nuevas versiones de sí misma. Quizás no tendríamos que hablar de ciudad frágil, sino de la ciudad como inmenso contenedor de realidades frágiles.

 

El modelo urbano se ve ahora en plena pandemia —y a las puertas de nuevas oleadas— en muchos aspectos, como un modelo vulnerable él mismo, donde la vida, también más frágil que nunca, se tiene que adaptar de nuevo y a veces de manera improvisada y urgente. Las consecuencias de esta fragilidad se ven ya en ciertos cambios en los usos y hábitos de la ciudadanía. Tenemos una percepción nueva del medio urbano como tenemos tal vez una percepción nueva de la convivencia, de las necesidades del hábitat, del sentido de los espacios públicos y de las calles. Sabemos que esta percepción decantará las elecciones y las formas de uso de la realidad urbana en el futuro. La crisis de la ciudad como modelo se verá agraviada por la disminución de recursos que comporta la crisis económica que desgraciadamente ya está prevista dentro de nuestro horizonte de expectativas.

La pandemia, como experiencia de vida, ha generado distorsiones y hechos imprevisibles dentro del marco de nuestra ciudad, como el resto de ciudades del mundo. Cada ciudad, pero, es una unidad singular que responde de diferente manera a este fenómeno que ya es mundial. Dentro de nuestra ciudad de Barcelona, se dan todos aquellos espacios que en la ciudad resultan vulnerables, menos visibles, inestables y espontáneos, pero que consideramos claves para comprender la ciudad en todo su significado: como estructura material habitada, como espacio de la experiencia y como lugar por la creación de significado y, por lo tanto, de transformación. Estudiamos la ciudad como un todo dentro del cual todas las realidades existentes son decisivas para generar su sentido. Consideramos que es vital establecer un tipo de mirada y representación que alcance los aspectos más marginales pero también los más creativos que la ciudad, casi como si fuera un ser vivo, es capaz de generar para regenerarse ella misma. La ciudad necesita más que nunca atender a su propia capacidad de regeneración. La ciudad necesita ser entendida a partir del conjunto más diverso de realidades que llega a contener.

¿Por qué buscamos una imagen de la ciudad frágil durante la pandemia?
¿Qué relación tiene esta ciudad diversa con la ciudad ya conocida y representada?

La imagen que hemos llegado a construir de la ciudad durante la pandemia actual causada por la COVID-19 ha sido fuertemente representada por datos estadísticos que derivan tanto del seguimiento que hacen las instituciones gubernamentales como de los estudios científicos. Estos datos ponen en primer lugar, como es natural, las cuestiones relativas al sujeto, a las personas: sufrimiento, morbilidad, mortalidad, dentro del campo de la salud, o situaciones laborales, precariedad, pobreza, carencia de recursos tecnológicos. Es cierto que los medios de comunicación han establecido un puente entre estos datos que provienen de la información científica y la ciudadanía, estableciendo una determinada representación de los principales espacios y escenarios donde impactaban. A partir de aquí, hemos puesto rostro parcial a un conjunto muy concreto de espacios comunitarios, como hospitales, residencias y centros educativos y, dentro de la dimensión privada, al espacio del hogar, a la vivienda y, incluso, en los espacios de la muerte y el luto, especialmente golpeados. También, en relación en los espacios urbanos, se ha insistido en la afectación creada sobre los que pertenecen al sector comercial, indicando las carencias y limitaciones derivadas de la pandemia. Algunas imágenes difundidas han abierto la dimensión de las calles y espacios públicos vacíos. Los escenarios urbanos transformados y cambiantes.

 

Esta realidad forma nuestra base de partida, pero pretendemos ir más allá. A base de recibir importancia mediática, todos estos espacios se han reconocido y naturalizado, se han vuelto casi familiares. Y hemos podido construir una imagen de la ciudad a partir de ellos. ¿Pero, es cierta o suficiente esta imagen en relación a todo aquello que ha vivido la ciudad, en todo aquello que afecta su transformación por la pandemia? ¿Hemos considerado todos aquellos factores que permiten conocer la realidad concreta de la ciudad y sus consecuencias relativas al el uso del espacio?

 

Creemos que tendríamos que arreciar la imagen de la ciudad vivida durante la pandemia, afinar su realidad en relación a la experiencia diferencial de los usuarios, al resultado de las vivencias diferentes y quizás más ocultas a la mirada, tener en cuenta el impacto emocional que han creado estas vivencias en las personas y que ha incidido en su uso. Creemos que todavía no conocemos abastecimiento el conjunto de experiencias surgidas durante los días del confinamiento y los días que siguieron con el apertura, durante los meses que nos separan del inicio de la pandemia. Incluso ahora, cada cambio de uso en la ciudad en relación a las directrices de seguridad impuestas va generando nuevas situaciones que queremos reconocer. Entendemos que la ciudad frágil es una ciudad en transformación. 

 

¿Qué aportaciones a esta visión de la ciudad frágil se pueden hacer desde la arquitectura y el urbanismo?

Desde el ámbito de la arquitectura y el urbanismo podemos detectar otras realidades que, de forma más tangencial y puntual, han estado -y siguen estando- afectadas. Mencionaremos para empezar algunos ejemplos, quizás los más impactantes: las realidades vinculadas a la marginalidad extrema y la fragilidad de la vida, las que derivan de la soledad dentro del espacio privado y el aislamiento social que comporta, el desarraigo social que se vincula a la carencia de vivienda, la vida sin techo, la precariedad de mediados de vida, la vulnerabilidad ante la propia experiencia de la enfermedad y de la muerte dentro de ciertas situaciones extremas y, incluso, la carencia de legalidad de las personas y de ciertos usos y acciones próximas a la clandestinidad que se han desplegado dentro del espacio urbano.

 

Estos datos se tendrían que diferenciar y analizar en función de factores como por ejemplo la edad, el género, la procedencia, entre otros: estas variables pueden crear imágenes diferentes y complementarias de las mismas experiencias. Todas ellas son realidades que inciden en los datos obtenidos por las estadísticas, pero que no han sido desveladas en su complejidad, en sus ritmos temporales de transformación, en relación a los cambios de localización e itinerancias, en definitiva, en el espacio y sus múltiples escalas. Todo este conjunto de capas de vivencia y sentido forman el que denominamos la ciudad frágil. Esta ciudad frágil puede ser imprevisible, residual y a veces oculta, pero sigue siendo ciudad en el sentido lleno de la palabra. Tiene derecho a ser representada y conocida. Todavía más: esta ciudad es en realidad la ciudad verdadera, la que no solo existe sino que crea y ocupa el espacio. Una ciudad que condiciona la realidad espacial y la transforma.


Nuestra propuesta de trabajo está dirigida a desvelar estas capas más etéreas y sutiles, o a veces más sobrecogedoras, para incorporarlas e integrarlas a las que ya tienen peso, como se ha dicho, en la representación formada de la ciudad de la pandemia. Se trata de un estudio de busca de todo aquello que creemos que ha afectado a la experiencia del espacio urbano, que puede revisar los problemas vinculados a carencias o transformaciones de los usos urbanos privados y públicos que se pueden tener en cuenta para reparar las disfunciones actuales y para prever, si es el caso, las actuaciones que mejoren los recursos de la propia ciudad. Se trata de conocer más en profundidad el tejido de realidades urbanas, incluidas las que se dan dentro de los espacios privados, y contenerlas en una cartografía que recoja estas capas de sentido y las muestre con suficiente claridad.

Hemos detectado ya una buena parte de estas situaciones posibles, a las que referimos como capas de la ciudad frágil: algunas ya han sido mencionadas, y más adelante, formularemos la primera relación concreta del que queremos estudiar. Pero queremos también un proyecto que esté atento al descubrimiento, a aquello que quizás es todavía imprevisible, a todo el que pertenece a una temporalidad breve pero capaz de modificar experiencia, memoria y voluntad de cambio. Esta es la expectativa.

El proyecto quiere, como ya se ha dicho, reconocer realidades que no siempre representen experiencias negativas, sino que tienen poder para crear sentido y transformar el ámbito urbano de una manera sutil y lúdica. Pretendemos registrar, en lo posible, todo aquello que ha conseguido que la ciudad viviera, a pesar de las limitaciones, como un espacio de creatividad. Valoramos las prácticas espaciales creativas: artes en la calle, cultura espontánea que encuentra briznas de esperanza en espacios insospechados para superar la fragilidad de un ámbito artístico obligado a reformarse. Todas las acciones que han estado posibles, propias de cada lugar y con capacidad de crear memoria, estas poéticas transformadoras las representamos como acontecimientos efímeros pero a la vez, como ejercicio de resiliencia.


Por lo tanto, el principal objetivo del proyecto es explorar el concepto de fragilidad urbana durante la pandemia COVID- 19, asociando la dimensión espacial de la ciudad con el impacto de realidades sociales menos visibles pero que pueden ser determinantes por la ciudad del futuro. E integrar esta imagen en la representación existente: completarla e incluso cambiarla.


Para poder llevar a cabo esta reflexión, establecemos el caso de estudio dentro de la ciudad de Barcelona, entendimiento como una realidad viva y cambiante pero que se pueda acotar a partir de su extensión periterritorial y central. Entendiendo la fragilidad como una forma de realidad menos reconocida, vulnerable pero real, capaz de arraigar y abrirse lugar en las condiciones más adversas. Por eso el proyecto se llama Barcelona Ciudad Frágil.